¿Por qué un mineral tan abundante en el cuerpo humano apenas se absorbía cuando se tomaba como suplemento? Esa pregunta lo persiguió durante décadas. Toda la suplementación de silicio que llegaba al mercado pasaba por el organismo casi sin tocarlo.
En los años noventa, Le Ribault dio con la respuesta. Hacía falta una forma química exacta — orgánica, monomérica, estable en agua. La bautizó monometilsilanotriol (MMST). Era la primera vez que el silicio podía absorberse de verdad.
Junto con su descubrimiento, Le Ribault fue siempre un firme defensor de la libertad terapéutica: la idea de que cada persona debe poder elegir cómo y a través de qué quiere mejorar su salud. Esa filosofía sigue siendo nuestra.
Cuando él falleció en 2007, su legado científico no terminó. Su fórmula, sus patentes y su know-how pasaron a Silicium Laboratories — y, sobre todo, a quien ya llevaba años trabajando con él.





